¿Nube? ¿Qué nube?

Que mis datos están….¿dónde? 

Curioso, pero sí, esa es la idea. Hace unos días comentaba la idea de esa obligación de ser “guay” porque el mercado así lo determina, y este es uno de esos casos en los que no estoy de acuerdo, al menos, como norma general. De hecho, como norma general, estoy lejos de estar de acuerdo, aunque no niego que en casos determinados no sólo sea útil, sino muy útil, casi imprescindible. 

clouds

Eso de estar en las nubes, al menos en España, no suena del todo a estar centrado, y por algo será. La idea de seguridad nos la venden muy bien, pero aquí somos de ver más que de creer. 

Y con lo dicho, ¿debería cambiar mi servidor actual a uno en la nube? Y lo mismo que pregunto, respondo: depende, sobre todo de opiniones, pero valoremos todos los aspectos para tomar una decisión que sea congruente y sensata, que no nos lleve a tener que rectificar una opción que tiene un coste no recuperable en ninguna de las dos direcciones. 

Tu servidor se va quedando antiguo, desfasado, has estado dándole más tiempo de vida del que realmente podía aguantar y está al límite, no le podemos añadir ni un mega más de RAM. ¿Qué hacer? ¿Sustituirlo por uno nuevo o cambiamos todo y lo “subimos” a la nube? 

El gasto en equipamiento es grande, un servidor nuevo, moderno, con más y mejores prestaciones es caro y es el principal motivo para migrar a un sistema en nube.

La nube es un sistema muy aceptable para empresas de pequeño tamaño, permite una flexibilidad en las configuraciones que proporciona un ahorro considerable en costes de IT, que no es poca ventaja, pero como todo, tiene “peros” a tener en cuenta. 

Para una pyme media-pequeña es una solución que engloba economía y flexibilidad, perdemos, en parte, el control del hardware, pero podemos adecuarlo a medida que vayamos haciendo uso del mismo, adaptaremos la memoria y el resto de recursos como capacidad y velocidad de microprocesador a las necesidades de cada momento, pudiendo cambiar a voluntad casi cada día. Esto repercute directamente en un aprovechamiento de recursos altísimo, lo que significa un ahorro respecto a un servidor “de los de toda la vida” con muchos recursos e infrautilizado en la gran mayoría de los casos.

¿Y el pero? Pero no es oro todo lo que reluce, la disponibilidad de nuestro servidor en la nube tiene una dependencia absoluta a nuestra conectividad, aun estando sentados en nuestra oficina. Un fallo en nuestro sistema de comunicaciones, un problema de nuestro proveedor o un error del banco que ha devuelto un recibo del proveedor nos deja sin sistema. ¡Catastrófico!, por un error administrativo me quedo sin poder trabajar, qué lástima ¿no?

Otro pero es el cambio de proveedor de servicios en la nube. Una migración entre servidores físicos siempre es complicada. Ahora le tenemos que sumar que no tenemos ni la más remota idea de dónde está nuestro servidor, si me falla un reinicio, ¿cómo estará? ¿Tengo que llamar para contratar un bono de manos remotas por si acaso?…  

En cambio, para una empresa algo más grande, la infraestructura que supone tener un servidor físico en sus dependencias, comunicaciones, firewalls, sais, etc. no es un problema y asegura la escalabilidad, pero siempre hacia arriba. Nadie quita recursos de un servidor una vez instalados, y esto hace que muchas veces, con los cambios, de personal, de modelo de trabajo, de gestor, etc. los recursos queden sobredimensionados resultando, además de un gasto no recuperable, un aumento en los riesgos que corre el sistema por posibles fallos de hardware.

A cambio, esta gran empresa no dependerá de terceros para trabajar día a día, aunque sí lo hará para que sus agentes externos, comerciales, visitadores, etc. puedan acceder al sistema desde el exterior, pero en la oficina, si tenemos bien atendido nuestro servidor, con un buen contrato de mantenimiento y buenos profesionales haciéndose cargo del sistema, todo irá bien y sin sobresaltos. 

Por todo ello no hay una respuesta clara a la pregunta inicial ¿nube o qué? Seguimos con las mismas dudas…ya lo esperaba, es casi una cuestión de opinión. La mía es que no hay que acelerarse en la toma de decisiones. Estudiar los potenciales de ambos sistemas, la problemática de cada caso particular en cada empresa, valorar en términos económicos la operación de cambio de servidor, mirar a un futuro y ver a qué nos enfrentaremos y entre todo ese barullo de ideas, y sin tomar demasiados cafés por medio, intentar atinar con la mejor opción para hacer viable el proyecto de empresa en el que nos hemos metido. 

Felices megas a todos